
Mirada arrogante de ceño fruncido y solapa levantada. La imagen de la libertad. Para él sólo era una pose, el remake de una actitud. Su mundo era ya demasiado burgués para reinventar el rock´n´roll o resucitar al perdedor elegante y borracho del blanco y negro.
Atrapado en una época que no era la suya, nostálgico soñador, solía pensar que ya no había hombres que fumaran como Bogart, ni mujeres que besasen como Marilyn.
A veces, Jimmy le miraba desde la pared de la habitación, y le compadecía, pero sus ojos no eran ya los de un rebelde. Quizás, él también se rindió.
Y, al mirarse al espejo, volvía a la realidad... y encontraba frente a si al personaje anónimo que escoltaba a la Leyenda.
"Mi vida empieza allí donde termina un film, con el cadáver de Jimmy Dean."
(Loquillo y Trogloditas, Autopista)
