miércoles, julio 12, 2006

LA DAMA Y EL VAGABUNDO

Miraba tatuajes en mis brazos, y he recordado algunos de mis errores. Entre ellos estabas tú.
No encontré, o, inconscientemente, no quise encontrar la forma de borrarlos, y por eso, no me han dejado olvidarte. Me preguntaba dónde estarás ahora que ha pasado el tiempo, ahora que se disolvió el odio y el amor, ahora que nuestro recuerdo recíproco es un páramo yermo de sentimientos, una oda a la indiferencia, un cofre enterrado sin tesoro, una foto velada... Dime, ¿te queda algo de mí? Sólo es apremiante curiosidad, intrascendente resultado... ¿te queda algo?
No lo creo. Porque tu sensibilidad es de hielo, y tu memoria se suicida en cada viga de mi recuerdo. Porque nunca dejaste que llegara el segundo invierno y porque nunca quisiste inspirar esta canción.
Así fue antes, y así es ahora. Sin embargo, ni antes ni ahora he podido dejar de sentir... esa apremiante curiosidad.
"No me acuerdo de olvidarte"
(Guy Pearce, Memento)

CANCIÓN DE MEDIANOCHE

Se sentaba siempre al final de la barra, para no resaltar, para no molestar. Qué distinto a como era antes: tan excéntrico, tan magnético, tan mediático... -Ahora ya nadie le conocía, el tiempo y el alcohol le cambiaron demasiado.- Él era el ejemplo más claro de que, a veces, la vida no concede una segunda oportunidad.
Y así pasaba las noches, apoyado en el mostrador, envuelto en humo y efluvio de algún distinguido licor. Alguna vez, alguien le miró un instante: quizás creyó reconocer en él a una vieja gloria del rock. Pero sólo fue un segundo. No, porque... cómo iba a ser él.
Al avanzar la madrugada, cuando ya el club quedaba vacío y en silencio, en penumbra, y con las sillas vueltas sobre las mesas, el escenario volvía a ser suyo. Y subía. Y bajo una luz tenue que recortaba su silueta sobre el terciopelo rojo, cantaba su canción.
Un día, el viejo dejó de sentarse al final de la barra, pero nadie lo advirtió. Y al llegar la medianoche, ya nadie cantaba su canción.
"Aunque mis ojos ya no puedan ver ese puro destello, que en mi juventud me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor en la hierba, de la gloria en las flores, no hay que afligirse. Porque la belleza siempre subsiste en el recuerdo." (Natalie Wood, Esplendor en la hierba)

martes, julio 11, 2006

SOPLAMOS LA CENIZA

Porque estuvimos arriba y ahora estamos tan abajo, porque estuvimos en la cresta de la ola y ahora somos sólo los restos de un naufragio...
El tiempo nos ha convertido en extraños que se conocen, que aún no se han dejado de hablar, obligados por un pasado común, pero esa no es ya suficiente razón para fingir. Los amigos se han ido.
Y no quedan amantes, porque perdimos el número de teléfono de sus corazones, porque teníamos prisa por no echar raices; la distancia les unió a otros lazos, y, ahora que nos pesan las botas de tanta carretera y noches de bourbon, somos nosotros quienes se han caído de la lista.
Nos secamos la cara, peinamos el tupé y sonreímos al espejo. Soplamos la ceniza. Así se olvida el pasado. Así se empieza de nuevo.
"Dios santo…cómo ha cambiado irremediablemente mi vida: siempre es el último día de verano y me he quedado fuera en el frío sin una puerta para volver a entrar…He tenido más momentos intensos de los que por derecho me corresponderían: para muchos la vida les pasa de largo mientras hacen grandes planes para ella…a lo largo de mi vida he dejado pedazos de mi corazón aquí y allí y ahora apenas me queda el suficiente para seguir viviendo. Pero fuerzo una sonrisa sabiendo que mi ambición sobrepasaba mucho a mi talento.
Ya no hay caballos blancos… ni mujeres guapas en mi puerta."
(Johnny Depp, Blow)