Deja que te invite a algo: sé que aún bebes lo mismo, así que yo pediré por tí. Cuéntame las anécdotas de tus romances perdidos, de las piedras que encontraste en tu camino, de los placebos que aliviaron tu dolor... A mi alrededor nada ha cambiado, salvo yo.
Dices que vienes dispuesta a enmendar tu yerro, y eso habla en tu favor, pero no te decepciones conmigo: en algún tropiezo pasado, el amor se me cayó. No me juzgues severamente, que esto va en momentos, y el nuestro pasó. Hace ya tiempo. Pasó.
Nos obligamos, sin embargo, a una última bienvenida, a evocar antigua pasión. Y seremos silenciosos esta noche, furtivos del corazón, a sus espaldas nos presentaremos y viviremos nuestro último primer beso, en algún rellano, en cualquier portón... y acabaremos igual que tres años antes, con vidas separadas, cicatrizando heridas... pero cortadas, esta vez, por lujuria, y no por desamor.
"Anda, deja, que te desabroche un botón,
que se come con piel la manzana prohibida
y tal vez, no tengamos más noches ,
y tal vez no seas tú y tal vez no seas tú... la mujer de mi vida"
(Joaquín Sabina, Y si amanece por fin)
